La noticia podría contarse como un simple movimiento empresarial, otra operación más en un mercado global donde las marcas cambian de manos con la misma facilidad con la que se descorcha una botella. Pero en el caso de Freixenet, cuesta mirarlo solo así. Quizás sea el momento de comprar solo a las pequeñas empresas del sector del cava con capital 100% español para proteger lo nuestro.