Fonik, café, helados y platillos con el sonido ambiental de buenos vinilos

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Barcelona suma una nueva dirección con vocación de convertirse en mucho más que una cafetería de moda. Fonik aterriza en una de esas esquinas privilegiadas de la ciudad Condal donde parece que todo sucede a la vez: café de especialidad, heladería artesanal y cultura musical conviven aquí con una naturalidad sorprendente, construyendo un espacio que entiende la gastronomía desde una mirada contemporánea, pero profundamente honesta con el producto.

FONIK CAFÉ

Lo interesante de Fonik no está únicamente en lo que sirve, sino en cómo lo interpreta. El proyecto plantea una experiencia pensada para disfrutarse sin prisas, donde cada elemento —desde la extracción del café hasta la selección musical— parece responder a una misma filosofía: rigor técnico, sensibilidad estética y una voluntad clara de convertir lo cotidiano en algo memorable. Y lo cierto es que funciona. Hay algo muy agradable en entrar, sentarse y sentir que el espacio está diseñado para quedarse.



Detrás de la propuesta aparece el nombre de Juanita Arroyave, cuya relación con el café trasciende cualquier tendencia pasajera. Nacida entre cafetales colombianos y heredera de la tradición de Café Granja La Esperanza —una de las casas más respetadas del café de especialidad a nivel internacional—, Juanita traslada a Barcelona una mirada extremadamente precisa sobre el origen, la trazabilidad y el tratamiento del grano. Aquí el café no se entiende como un simple acompañamiento, sino como el eje vertebrador de la experiencia.

Esa exigencia se percibe especialmente en la ejecución técnica. Las extracciones están trabajadas con precisión y equilibrio, buscando limpieza en taza, buena estructura y una lectura muy definida de cada origen. Pero Fonik evita caer en el exceso de academicismo que a veces rodea al café de especialidad. Su propuesta tiene una vocación mucho más accesible y creativa. Ahí aparecen elaboraciones como el Coldbrew Foam, donde la textura aérea y cremosa aporta una nueva dimensión al café frío, o un Affogato impecablemente resuelto con helado artesanal, donde el contraste entre temperatura, dulzor y amargor encuentra un equilibrio especialmente elegante.



Frente a la parte líquida aparece el universo de Nino Parrilla, tercera generación de heladeros y heredero de la histórica Heladería Villar de Sevilla. Su trayectoria internacional —con experiencias en lugares tan distintos como Bali, México, Islandia o Nueva Zelanda— se traduce en una visión técnica muy sólida, pero también abierta a la experimentación. En Fonik, el helado abandona el papel secundario para ocupar un lugar central dentro del discurso gastronómico.

El obrador trabaja diariamente con elaboraciones 100% artesanales y una obsesión evidente por la textura, el equilibrio graso y la intensidad del sabor. Hay sabores clásicos ejecutados con una limpieza admirable, pero también propuestas mucho más contemporáneas, como el helado de queso o el de jengibre y cúrcuma, donde el componente especiado y funcional no eclipsa nunca el placer gustativo. Y ahí está precisamente uno de los grandes aciertos de Fonik: entender que la creatividad no tiene sentido si no va acompañada de técnica y de sabor real.

La unión entre el café y la heladería es probablemente lo que termina diferenciando al proyecto dentro de la escena barcelonesa. No se siente como dos conceptos compartiendo espacio, sino como una conversación constante entre temperaturas, texturas y matices aromáticos. Hay una coherencia evidente entre ambas partes y una voluntad de construir un lenguaje propio que se aleja del formato clásico de specialty coffee.

La propuesta gastronómica acompaña esa misma filosofía. La carta toma referencias reconocibles del universo cafetero y del brunch contemporáneo, pero las ejecuta con un nivel de producto claramente por encima de la media. En la parte dulce, el brioche helado se convierte en uno de esos bocados que justifican la visita por sí solos: mantequilla, temperatura y cremosidad funcionando en perfecta armonía. También destaca una tarta de queso individual muy bien afinada, cremosa, ligeramente láctica y sin excesos de azúcar, algo que siempre se agradece.

En el apartado salado, el pan de Triticum marca el tono desde el primer bocado. Y se nota. La calidad de la fermentación, la corteza y la estructura de la miga elevan automáticamente cualquier elaboración que pasa por cocina. El house bikini encuentra en ese pan una profundidad poco habitual para un formato tan aparentemente sencillo, mientras que la tostada de tartar de atún de Barbate con mayonesa de kimchi juega muy bien con el equilibrio entre grasa, umami y picante.

Especialmente interesante resulta la tostada de salmorejo andaluz con jamón serrano y huevos de codorniz, donde el conjunto mantiene frescura y ligereza sin perder intensidad gustativa. Aunque probablemente una de las propuestas más redondas de la carta sea la tostada de champiñones con crema de anacardos, parmesano, eneldo y un toque cítrico de lima. Un plato muy bien construido, con profundidad terrosa, cremosidad y acidez medida, capaz de demostrar que incluso una tostada puede alcanzar un registro gastronómico serio cuando detrás hay criterio.



Pero Fonik no termina en la mesa. El sonido juega aquí un papel fundamental y define gran parte de la personalidad del espacio. El sistema desarrollado por Rostro Soundsystem aporta una acústica cálida, envolvente y tremendamente cuidada, alejándose de esa saturación sonora habitual en muchos locales de la ciudad. La música no invade: acompaña. Y lo hace generando una atmósfera que invita tanto a trabajar tranquilamente entre semana como a alargar la sobremesa durante las sesiones de vinilo y DJ sets del fin de semana.



La programación musical, centrada en sonidos que oscilan entre el jazz, el funk, la electrónica o los ritmos tropicales, termina de reforzar esa sensación de refugio urbano donde gastronomía y cultura conviven sin esfuerzo. Todo parece pensado para estimular los sentidos desde un lugar muy orgánico y nada impostado.

Detrás de toda esta construcción conceptual aparece Grupo Amicks y la visión de Martín Pimentel, responsables también de otros proyectos reconocidos de la escena gastronómica barcelonesa como Bar Pimentel, Taberna Nardi o V de Vermut. En Fonik, el grupo demuestra una sensibilidad especial para crear espacios con identidad propia, donde el diseño no actúa únicamente como decoración, sino como una extensión coherente de la experiencia.

El resultado es un local que entiende perfectamente lo que busca hoy gran parte del público urbano: autenticidad, técnica, buen producto y una atmósfera capaz de generar vínculo. Fonik no pretende revolucionar la gastronomía barcelonesa, pero sí aportar algo cada vez más difícil de encontrar: un lugar con personalidad real, donde uno entra por el café y termina quedándose por todo lo demás.

FONIK
Qué: Fonik Café
Dónde: C/ Tamarit 104, 08015 Barcelona
Horario: L-M-MI de 8:30 a 19h / de J a D de 9:30 a 19h
Instagram: @fonik.cafe
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